Se apagó la voz de Beto Brandoni, pero su huella queda encendida.
El 20 de abril de 2026 fallecio Luis “Beto” Brandoni. Tenía 86 años y murió en el Sanatorio Güemes, donde estaba internado desde el 11 de abril por un hematoma subdural tras una caída en su casa.
Una vez dijo: “No le tengo miedo a la muerte… pero admito que irme me daría mucha lástima”. Hoy la lástima es nuestra.
Se fue Beto. Queda su obra, su voz ronca y esa forma única de decir “muchachos” como si te conociera de toda la vida.
Nacido el 18 de abril de 1940, debutó en 1962 y no paró más. 63 años de carrera ininterrumpida en teatro, cine y TV. Fue el vago entrañable de “La fiaca”, el Antonio Musicardi de “Esperando la carroza”, el dirigente de “La Patagonia rebelde” y el costumbrista filoso de “Parque Lezama” junto a Eduardo Blanco.
Su último trabajo fue “¿Quién es quién?” en el Teatro Liceo con Soledad Silveyra, obra que tuvo que suspender en septiembre de 2025 por problemas de salud y que retomó hasta su accidente.
Brandoni no separaba el arte de la militancia. Fue secretario general de la Asociación Argentina de Actores entre 1974 y 1983, el único gremio no intervenido en dictadura. Esa coherencia le costó caro: en julio de 1976 fue secuestrado y torturado en Automotores Orletti junto a Marta Bianchi. Salió vivo y declaró como testigo en causas de lesa humanidad.
Diputado radical, ciudadano ilustre de CABA, pero ante todo actor: “El escenario es mi lugar”, decía.
Desde septiembre de 2025 ya arrastraba descompensaciones. El 11 de abril se cayó y lo internaron. Carlos Rottemberg, productor y amigo, contó que “hasta el miércoles respondía a algunos estímulos que después dejó de responder”.
Falleció la madrugada del lunes. Lo acompañaron Saula Benavente, su última pareja, sus hijas Florencia y Micaela y sus cuatro nietos.
El velorio fue público en la Legislatura porteña. La Asociación Argentina de Actores lo despidió: “Su sólida labor interpretativa lo consolidó como una reconocida figura de la escena nacional”.
Soledad Silveyra fue directa: “Sos el último de los grandes en irse. Día muy triste para la cultura”.
Ángel de Brito agregó: “Un tipazo, un actorazo, un grande. No se apaga quien deja huella”.
Dos Konex de Platino, ACE, Cóndor de Plata a la Trayectoria, Premio Podestá. Pero su verdadero premio fue otro: encarnar al argentino de a pie con dignidad, humor y rabia. Ese que putea con gracia y se emociona sin pedir permiso.
Sus restos descansan en el Panteón de Actores de Chacarita, como corresponde a quien hizo del teatro su casa.
Con él se cierra el telón para uno de los últimos grandes primeros actores de la Argentina.
Realizado por: Kevin Gonzalez.

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